Por: Marcelino Elosua, sociólogo, MA Food Research Institute, Stanford University y director de diccionariodegastronomia.com

El gazpacho actual tiene normalmente un color rojizo claro por la incorporación del tomate y es una sopa fría, mientras que la sopa de ajo es caliente y de color más bien blanco, aunque a veces el pimentón la colorea un poco. No es que sean precisamente iguales. Pero sí tienen varias características comunes, sobre todo que son comidas frugales basadas en los mismos elementos básicos: agua, pan, aceite, sal y ajo.

Gazpacho y sopa de ajo: su origen

sopa de ajo

Nacen de la oportunidad o necesidad de usar las sobras de pan duro, de días anteriores, que aporta los hidratos de carbono, y de las características del ajo que sirve tanto para dar sabor como para facilitar la emulsión del agua y del aceite. El gazpacho nace en el sur de España y su carácter refrescante pronto le hace extenderse por todo el país y más allá, mientras que la sopa de ajo sirve para entrar en calor sobre todo en el norte de España. Como plato habitual de León y Zamora muchas veces se usaba para desayunar y, aún hoy en día, es frecuente que una fiesta acabe con ella lo que sirve para cortar algo la resaca y empezar con buen pie el día.

De nuevo vemos como la cultura y el patrimonio gastronómico nos llevan a sacar el mejor partido de los recursos escasos creando platos fantásticos en sabor y utilidad a partir de materias primas sencillas y baratas. Ese conocimiento se convierte en costumbre precisamente porque es útil y aporta valor.

Entonces, ¿el tomate no es un ingrediente básico del gazpacho? Pues no lo es en el sentido histórico dado que el gazpacho ya es conocido en la época romana y el tomate, y también el pimiento, otro ingrediente frecuente, vienen de América y no se popularizan hasta el siglo XVII en España.