Por: Manuel Romero, fundador y director de MRM Foodservice Solutions.

Compartir coche o alquilar tu casa, por periodos cortos, en periodos vacacionales, son hoy en día ejemplos de nuestra realidad. Cada día, surgen nuevos portales de intercambio entre particulares. En lo que nos concierne, ha llegado el turno a la restauración; portales como Mamaz o Eatwith permiten a particulares organizar cenas en su casa e invitar a desconocidos.

Se trata de un modelo interesante, dónde los interesados publican en estas plataformas el menú que van a ofrecer y le ponen un precio. Los invitados pueden escoger el tipo de comida, su coste y la localidad dónde prefieren vivir esta experiencia. Esta es; una nueva forma de conocer lugares, culturas diferentes o simplemente conocer gente nueva. Ambas partes son valoradas, de forma que los mejores anfitriones y huéspedes pueden ser reconocidos fácilmente.

gastronomía colaborativa
Fuente: eatwith

Lo que venden estas webs es una inmersión cultural a través de la cocina, y la oportunidad de conocer gente local, algo que no se conseguiría optando por un restaurante convencional.

VizEat era una ‘startup’ francesa nacida en el 2014 y compró su competencia americana EatWith en 2017. En un viaje al lago Titicaca, su cofundador, Jean-Michel Petit, no encontró ningún restaurante. Afortunadamente, una lugareña le invitó a su casa a comer. La experiencia le marcó tanto que decidió crear VizEat, una comunidad abierta ‘online’ que pone en contacto a anfitriones que cocinan y comparten la mesa de su propio hogar con viajeros. Una nueva forma de descubrir los sabores auténticos de un lugar así como los principales atractivos turísticos y culturales del territorio. A día de hoy es la plataforma líder en Europa, ha experimentado un crecimiento meteórico; empezando su andadura el año pasado y ya acumula miles de usuarios inscritos en más de 110 países.

Hace unos años el primer gran cambio en el sector fueron las “puntocom”, con las redes sociales llega la economía colaborativa. Este nuevo modelo no ha hecho nada más que empezar y es un como un adolescente, imposible de controlar.

La hostelería tradicional se enfrenta ahora mismo, a una nueva forma de competencia  muy difícil de combatir; hay que reinventarse. Nos podemos encontrar con improvisados cocineros que no cuentan con los debidos permisos de sanidad y calidad, y podemos llegar a observar  el incremento de la economía sumergida. Este nuevo modelo de “economía participativa” abre un debate sobre la necesidad de regular esta práctica económica para algunos de dudosa legalidad, pero a la vez, considero que abre un sinfín de nuevas posibilidades de negocio y consecuentemente de nuevos servicios innovadores y de valor para la sociedad.